—Me dijiste que ella te perseguía.
—Porque lo hace.
—Acaba de decir que está casada.
—No sabes cómo era antes.
Lucía dejó escapar una risa breve, sin alegría.
—Sí. Hablemos de cómo era antes.
Álvaro la miró.
Lucía no gritó.
—Trabajaba 12 horas algunos días para pagar el piso donde vivíamos los 2. Te preparaba la cena cuando llegabas tarde. Vendí las joyas de mi madre para ayudarte con una deuda. Y cuando conseguiste tu primer puesto serio, te marchaste llevándote los 600 euros que yo tenía para el alquiler.