Mientras compraba un regalo en Madrid, mi ex me tiró al suelo ante su prometida, seguro de que yo seguía siendo la mujer pobre que abandonó. Sonrió: «Sigues exactamente donde te dejé». No lloré; pedí conservar las cámaras y detuve a mis escoltas con un gesto… Entonces vio mi alianza y al hombre que caminaba hacia nosotros.

Beatriz lo observó lentamente.

—Me dijiste que tu ex dependía económicamente de ti.

Álvaro apretó la mandíbula.

—Las relaciones son complicadas.

—No —respondió Lucía—. Las mentiras son complicadas.

Aquella frase produjo más efecto que cualquier amenaza.

Adrián permanecía a su lado, absolutamente inmóvil. Todo el mundo conocía rumores sobre él: inversiones imposibles de rastrear, sociedades inmobiliarias, locales nocturnos, hombres que le debían favores y empresarios que evitaban pronunciar su nombre. Algunos lo llamaban mafioso. Otros preferían decir que era un hombre de negocios con demasiadas conexiones.

Lucía jamás le había