la carpeta.
No como un trofeo.
Como registro.
También guardó una de las fotografías que Sergio le había enviado durante aquellos 34 meses.
La misma ventana.
El mismo ángulo.
Carmen sentada de la misma manera.
Ahora, junto a esa fotografía, Lucía tenía una imagen diferente.
Su madre sentada en la mesa del nuevo departamento, con un vaso de agua limpia frente a ella y la puerta abierta detrás.
Era un detalle pequeño.
Pero decía algo que ninguna explicación de Sergio podía cambiar.
Carmen ya podía decidir cuándo quería entrar y