de avión en la mano, rodeada de sonrisas, me dije a mí misma que probablemente era solo el vago consuelo de un moribundo.
Pero esa noche, sola en casa, volví a mirar el billete.
Salida en tres días.Costa Rica.
Roberto y yo casi nunca hablábamos de Costa Rica. No era nuestro destino de luna de miel. No era un lugar donde tuviéramos familia. No era un viejo sueño que nunca habíamos podido cumplir.
No tenía sentido.
Y, sin embargo, algo dentro de mí no quería romper esa idea. Quizás
Pero esa noche, sola en casa, volví a mirar el billete.
Salida en tres días.Costa Rica.
Roberto y yo casi nunca hablábamos de Costa Rica. No era nuestro destino de luna de miel. No era un lugar donde tuviéramos familia. No era un viejo sueño que nunca habíamos podido cumplir.
No tenía sentido.
Y, sin embargo, algo dentro de mí no quería romper esa idea. Quizás