cuando el viento cedió un poco, se marchó con una sonrisa que hizo sentir a Clara que acababa de llevarse un arma cargada.
Mateo intentó salir tras él, pero apenas dio 2 pasos antes de doblarse por el dolor.
La herida se infectó esa misma noche.
Durante 3 días Clara mantuvo el fuego encendido, cambió vendas, preparó caldo y obligó a Mateo a beber agua. Él deliraba, llamaba a su madre y repetía una frase que Clara no comprendía.
—No me dejes solo con él.
Cuando la fiebre bajó, Mateo