Finge ser mi esposa, dijo un hombre de la montaña—Pero al probar lo que era estar con ella, rompió su única condición kara

Mateo Valdivia era alto, ancho de hombros, vestido con botas de cuero, gabán oscuro y sombrero mojado por la llovizna.

—¿Perdón?

—Necesito una esposa legal antes de que termine el mes.

Clara soltó una risa seca.

—Entonces busque una iglesia.

Mateo dejó sobre la mesa el testamento de su padre. Don Jacinto Valdivia había muerto 6 meses antes dejando una cláusula cruel: las 2,800 hectáreas de bosque y pastizal en la Sierra Madre quedarían en manos de una compañía maderera si Mateo no estaba casado y manteniendo un hogar