cuando el albacea realizara la inspección de primavera.
—Mi padre pasó la vida intentando decidir por mí. Ahora quiere seguir haciéndolo muerto.
—¿Y quiere comprarme?
—Quiero pagarle por un acuerdo.
Le ofreció 18,000 pesos de inmediato y otros 18,000 cuando la propiedad quedara libre. Para Clara, aquello significaba liquidar las deudas que su difunto marido había dejado en cantinas y mesas de juego. Significaba no volver a dormir con una silla atorada contra la puerta.
—¿Por qué yo?
—Porque un borracho le tiró el balde y usted siguió