no.
No hubo abrazo entre los hermanos. No eran hombres hechos para milagros rápidos. Pero Mateo sirvió 2 cafés y Lucio se sentó.
Para Clara, aquello bastó.
El siguiente invierno llegó temprano. Una noche, mientras la nieve cubría el valle, Mateo encontró un trozo de carbón cerca de la estufa. Lo sostuvo entre los dedos y miró el lugar donde meses atrás había dividido la cabaña en 2 mundos.
Clara lo vio desde la mesa.
—Ni se te ocurra.
Mateo sonrió, arrojó el carbón al fuego y se acercó a