Finge ser mi esposa, dijo un hombre de la montaña—Pero al probar lo que era estar con ella, rompió su única condición kara

trabajando. Otro quiso tocarla y le golpeó el tobillo con el cepillo. No parece esperar que nadie la rescate.

La frase dolió porque era verdad.

—¿Las reglas?

—Nos casamos por lo civil. Usted vive en mi cabaña hasta la inspección. Mantiene el fuego. Yo corto leña, traigo carne y nadie se acerca a usted sin pasar por mí.

Mateo apretó la mandíbula.

—Y no habrá caricias, cama compartida ni promesas. Usted tendrá su lado y yo el mío.

Clara miró sus manos lastimadas.

—Quiero 10,000 ahora para pagar a