El chico tatuado que pidió quince euros y terminó cambiándome la vida kara

estudios pronto.

No lo dijo con orgullo.

Tampoco con excusa.

Solo como quien deja una piedra encima de la mesa.

—A veces se deja una cosa pronto y se vuelve a ella de otra manera —le dije.

—No sé si yo sirvo para eso.

—Yo no he visto hoy a un chico que no sirva. He visto a un padre cansado trabajando mejor que muchos adultos con más oportunidades.

Se le humedecieron los ojos otra vez.

Pero esta vez no apartó la cara.

—Solo quiero que mi hija no pase