quién molesta y quién no.
Se sentó en el borde de la silla, con las manos juntas, como si estuviera esperando que alguien le pidiera explicaciones.
Yo fui a la cocina y preparé dos vasos de agua.
Cuando volví, vi que miraba una foto antigua de mi clase.
Veintiséis niños de primero de primaria, todos con babis de colores, todos sonriendo como si el mundo fuera un sitio sencillo.
—¿Usted era maestra de verdad? —preguntó.
Sonreí.
—De verdad. Y bastante pesada, según algunos.
Él sonrió un poco.
—Yo dejé los