vergüenza por mí cuando crezca.
Esa frase me atravesó.
Porque durante años escuché a muchos niños hablar de sus padres.
Algunos tenían coches buenos, ropa cara y casas grandes.
Pero los que más brillaban al hablar no eran siempre esos.
Eran los que decían:
“Mi padre vino a buscarme aunque llovía.”
“Mi madre se quedó despierta conmigo.”
“Mi abuelo me arregló la bicicleta.”
Los niños no recuerdan el precio de las cosas.
Recuerdan quién estuvo.
—Nora no se avergonzará de un padre que llama a las puertas para trabajar —le