dije—. Pero tú tienes que dejar de cobrarte tan barato.
Álvaro bajó la vista.
—Si pido más, me dicen que no.
—Entonces habrá que empezar por puertas donde ya sepan quién eres.
Levantó la cabeza.
—¿Qué quiere decir?
Miré por la ventana hacia mi jardín recién cortado.
Los bordes estaban perfectos.
El camino parecía otro.
Mi casa parecía menos abandonada.
Y yo, de pronto, también.
—Mañana voy a hablar con dos vecinas —dije—. Una tiene la hiedra que se le mete ya por la ventana. La otra lleva meses diciendo