manga.
—Mi hija —susurró—. Nora. Tiene cuatro meses.
No dije nada.
—A veces le cuesta respirar. En casa queda muy poca leche especial, y en la farmacia tengo que comprar unas mascarillas nuevas para el aparato de aerosol.
Miró el billete otra vez.
—Me faltaban quince euros. Exactamente quince. He llamado antes a varias casas. Todos me han dicho que no.
Sentí un nudo en el estómago.
No por él.
Por mí.
Porque yo también estuve a punto de hacer lo mismo.
—No quería pedir limosna —dijo—. Quería trabajar. Solo