de pie en el recibidor, sin atreverse a avanzar.
—No voy a quedarme con un dinero que no he ganado —repitió.
Yo cogí el sobre, pero no lo abrí.
Lo dejé encima de la mesita.
—¿Y quién te ha dicho que no lo has ganado?
Me miró confundido.
—Señora, yo le corté el césped.
—Me devolviste la tranquilidad —le dije—. Me quitaste una preocupación que llevaba semanas pesándome. Me recordaste algo que yo había olvidado. Eso también cuenta.
Apretó la mandíbula.
—Mi padre siempre decía que uno no debe aprovecharse