le dije.
—No sé si yo sirvo para eso.
—Yo no he visto hoy a un chico que no sirva. He visto a un padre cansado trabajando mejor que muchos adultos con más oportunidades.
Se le humedecieron los ojos otra vez.
Pero esta vez no apartó la cara.
—Solo quiero que mi hija no pase vergüenza por mí cuando crezca.
Esa frase me atravesó.
Porque durante años escuché a muchos niños hablar de sus padres.
Algunos tenían coches buenos, ropa cara y casas grandes.
Pero los que más brillaban al