El chico tatuado que pidió quince euros y terminó cambiándome la vida kara

Todos me han dicho que no.

Sentí un nudo en el estómago.

No por él.

Por mí.

Porque yo también estuve a punto de hacer lo mismo.

—No quería pedir limosna —dijo—. Quería trabajar. Solo quería llegar a casa y decirle a mi niña que papá lo había conseguido.

En ese momento algo se me rompió por dentro.

Le puse una mano en el brazo.

—Entonces ve con tu hija, Álvaro.

Él asintió, sin poder hablar.

—Y escúchame bien. Si necesitas trabajo, vuelves aquí. El jardín, las hojas, cualquier cosa