Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

barcos de papel y que se sabía de memoria los anuncios de la radio. Eran detalles mínimos que cualquier padre atento habría conocido y que él, enterrado en el trabajo y el duelo, se había perdido.

Un día, Lucía le preguntó:

—¿Mamá Irene estaría enfadada porque quiero mucho a Marta?

Javier sintió que el pecho se le cerraba.

—No. Mamá Irene estaría contenta de que tengas a alguien que te cuide y te haga reír.

Marta escuchó desde la puerta y se secó una lágrima antes de entrar.

La investigación