barcos de papel y que se sabía de memoria los anuncios de la radio. Eran detalles mínimos que cualquier padre atento habría conocido y que él, enterrado en el trabajo y el duelo, se había perdido.
Un día, Lucía le preguntó:
—¿Mamá Irene estaría enfadada porque quiero mucho a Marta?
Javier sintió que el pecho se le cerraba.
—No. Mamá Irene estaría contenta de que tengas a alguien que te cuide y te haga reír.
Marta escuchó desde la puerta y se secó una lágrima antes de entrar.
La investigación