le susurró:
—No me crea a mí. Revise al señor Bigotes, el oso viejo de la habitación de Lucía. Su mujer instaló una cámara dentro hace años.
Después cruzó la puerta bajo la lluvia.
Javier levantó la vista hacia la planta superior.
Por primera vez, tuvo miedo de descubrir que la ladrona nunca había sido Marta.
PARTE 3
Javier no durmió.
A la mañana siguiente encontró a Lucía sentada ante un cuenco de leche con cereales, mirando la pared igual que durante los meses posteriores a la muerte de Irene.