Volví 2 horas antes y encontré a mi hija, muda desde hacía 2 años, riendo abrazada a la empleada mientras mi prometida las miraba con desprecio. La oí decir: «Estás contratada para limpiar, no para jugar a ser su madre». No discutí: cancelé la boda y cambié las cerraduras. Pero aquella noche, el viejo oso de peluche reveló una grabación que explicaba por qué mi hija le tenía miedo kara.

Claudia, impaciente, le ordenó que comiera. Cuando la niña no reaccionó, le apretó las mejillas para obligarla a abrir la boca.

Javier se levantó de golpe.

—Suéltala.

Claudia retiró la mano. En la piel de Lucía quedaron 4 marcas rojizas. Javier recordó inmediatamente el moratón de Marta.

No discutió. Tomó a Lucía en brazos, la dejó con Carmen, la cocinera que trabajaba con la familia desde hacía 12 años, y subió al dormitorio infantil.

El señor Bigotes estaba en la balda superior. Era un oso gastado que Irene había comprado