Claudia, impaciente, le ordenó que comiera. Cuando la niña no reaccionó, le apretó las mejillas para obligarla a abrir la boca.
Javier se levantó de golpe.
—Suéltala.
Claudia retiró la mano. En la piel de Lucía quedaron 4 marcas rojizas. Javier recordó inmediatamente el moratón de Marta.
No discutió. Tomó a Lucía en brazos, la dejó con Carmen, la cocinera que trabajaba con la familia desde hacía 12 años, y subió al dormitorio infantil.
El señor Bigotes estaba en la balda superior. Era un oso gastado que Irene había comprado