La hija de 3 años de la empleada imitó la cara enfadada del temido jefe… y lo que él hizo dejó a todos paralizados kara.

mal segundos antes de que cediera.

Hizo una pausa.

—Me empujó.

La fotografía cayó de mis manos.

—No.

—Él murió donde yo debía haber muerto.

Sentí una rabia tan brutal que tuve que agarrarme del escritorio.

—¿Y nunca pensó en decírmelo?

—Todos los días.

—Pero me contrató.

—Cuando descubrí quién eras, quise asegurarme de que tú y Mía estuvieran bien.

Solté una risa amarga.

—¿Así paga sus culpas?

—No existe dinero suficiente para pagar lo que hizo Diego.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió.

Ramiro entró pálido.