La hija de 3 años de la empleada imitó la cara enfadada del temido jefe… y lo que él hizo dejó a todos paralizados kara.

—Tenemos un problema.

Vicente recuperó inmediatamente aquella expresión fría.

—Habla.

—Los Beltrán saben del cuaderno.

—¿Qué cuaderno?

Ramiro me miró.

—El que Diego estaba preparando antes de morir.

Un frío recorrió mi espalda.

—No sé de qué están hablando.

—Ellos creen que sí.

Vicente levantó la mirada.

—¿Dónde está Mía?

Mi corazón se detuvo.

Corrí hacia la lavandería.

Vacía.

La puerta del jardín estaba abierta.

La lluvia entraba sobre el piso.

—¡Mía!

Guardias comenzaron a correr por toda la propiedad.

Yo gritaba su nombre hasta quedarme sin aire.

Entonces uno