regresó desde los arbustos.
Sostenía un pequeño zapato amarillo.
El de mi hija.
—Hay una abertura en la cerca.
Sentí que iba a caer.
Vicente me sujetó.
—Sofía, mírame.
—Se llevaron a mi hija.
—La vamos a encontrar.
—¡Se llevaron a mi hija por algo relacionado con usted!
No respondió.
Aceptó el golpe.
Ramiro apareció corriendo.
—Las cámaras exteriores dejaron de grabar durante 7 minutos.
Vicente lo miró.
—¿Todas?
—Las de la propiedad sí. Pero el guardia de la entrada habló con una gasolinera que está a 600 metros.
Le