una bodega registrada a nombre de una empresa vinculada con Arturo Beltrán.
Vicente tomó las llaves.
Yo fui detrás de él.
—Voy contigo.
—Sofía…
—Intente detenerme.
Me observó durante 1 segundo.
—Sube.
Mientras avanzábamos bajo la lluvia, Vicente hizo una llamada.
—Mando una ubicación.
Escuchó.
—Sí. Posible secuestro de una menor.
Lo miré.
—¿Llamó a la policía?
—No voy a convertir a tu hija en daño colateral de una guerra que nunca debió tocarla.
Apreté las manos.
—¿Quién es Arturo Beltrán?
Vicente tardó varios segundos en responder.
—El hombre que