controlaba al proveedor de estructuras metálicas en la obra donde murió Diego.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—¿Usted sabía eso?
—Sabía que su empresa estaba involucrada.
—¿Y qué más?
Vicente miró la carretera.
—Una semana después de la muerte de Diego desaparecieron 4 reportes internos de seguridad.
Lo miré.
—¿Reportes escritos por quién?
No contestó.
—Vicente.
Finalmente habló.
—Por Diego.
Y entonces entendí que quizá mi esposo no había muerto simplemente por salvar a Vicente.
Quizá alguien llevaba mucho tiempo queriendo que Diego dejara de hablar.
Parte 3