comenzó a protestar.
—Mamá, me aprietas.
Lloré.
Besé su cara.
Sus manos.
Su cabello.
Todo.
—No le hice nada.
La mujer levantó ambas manos.
—Me dijeron que la vigilara. No sabía que iban a traer una niña.
Vicente dio un paso hacia ella.
—¿Quién la trajo?
La mujer señaló una puerta.
Entonces apareció un hombre de unos 60 años vestido con un abrigo gris.
No parecía un secuestrador.
Parecía alguien que acababa de salir de una junta bancaria.
—Vicente.
—Arturo.
Arturo Beltrán me observó.
—La viuda de Diego Navarro.
Apreté