a Mía contra mi pecho.
—Queremos la caja.
—No sé qué contiene.
—Pero sabes dónde está.
Vicente se colocó delante de nosotras.
—La niña sale de aquí.
Arturo sonrió.
—Todos pueden salir. Solo quiero unos documentos que nunca debieron existir.
—Secuestraste a una niña de 3 años.
—No dramaticemos.
Vicente avanzó un paso.
Arturo dejó de sonreír.
—Cuidado.
—Tú deberías tener cuidado.
Arturo me volvió a mirar.
—Diego tenía el mismo problema.
Sentí que el cuerpo se me helaba.
—¿Qué problema?
—No sabía cuándo dejar de hacer preguntas.
Vicente se