—¿Usted mató a mi esposo?
Arturo me miró.
—Tu esposo encontró documentos que podían costarnos millones.
—Contésteme.
—Yo no estaba en la obra.
—Pero sabía lo que iba a pasar.
Su expresión cambió apenas.
Y entonces cometió un error.
—Yo firmé una autorización para sustituir un lote. Nada más.
Vicente lo miró fijamente.
—¿Qué lote?
Arturo comprendió demasiado tarde lo que había dicho.
Ramiro, que estaba detrás de nosotros, levantó discretamente el teléfono.
Grabando.
—No sabes de qué hablas —dijo Arturo.
—Acabas de decir que firmaste la sustitución.
—Apaga eso.