La hija de 3 años de la empleada imitó la cara enfadada del temido jefe… y lo que él hizo dejó a todos paralizados kara.

quedó inmóvil.

—¿Qué acabas de decir?

Arturo suspiró.

—Durante meses registró entregas de materiales, números de lote, firmas de recepción. Se creyó auditor.

—Era supervisor de obra —respondí.

—Era un empleado.

—Era mi esposo.

Arturo sonrió apenas.

—Y era incómodo.

Vicente dio otro paso.

—Yo creí que habían manipulado el andamio para matarme.

Arturo lo observó.

—Siempre tuviste una opinión demasiado alta de tu importancia.

Nadie habló.

Vicente palideció.

—No era para mí.

Arturo no respondió.

—Era para Diego.

El silencio se volvió insoportable.

Sentí que Mía apretaba mi cuello.