La hija de 3 años de la empleada imitó la cara enfadada del temido jefe… y lo que él hizo dejó a todos paralizados kara.

Uno de sus hombres avanzó hacia Ramiro.

Vicente se interpuso.

—Ni lo intentes.

Arturo perdió finalmente la calma.

—Ese lote llevaba meses dando problemas. Diego amenazó con denunciarlo. Si su cuaderno existe, quiero verlo.

—¿Y si tiene tu firma? —preguntó Vicente.

Arturo guardó silencio.

Las sirenas se escucharon a lo lejos.

Esta vez nadie pudo fingir que no las había oído.

Las luces rojas y azules comenzaron a reflejarse sobre las ventanas.

Arturo miró a Vicente.

—Esto también te va a hundir.

Vicente no se movió.

—Entonces me hundiré diciendo