construyendo una torre con sus pisapapeles.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Por qué la dejaste quedarse aquel primer día?
Vicente miró a Mía.
—Porque se burló de mí.
Me reí.
—Eso normalmente no parece gustarte.
—No fue eso.
Permaneció callado unos segundos.
—Todos los que entraban aquí querían algo de mí o tenían miedo de mí.
Miró a mi hija.
—Ella me vio y solo pensó que mi cara era graciosa.
Mía levantó la cabeza.
Vio que Vicente la estaba observando.
Frunció las cejas.
Apretó los labios.
Cruzó los brazos.
La