La hija de 3 años de la empleada imitó la cara enfadada del temido jefe… y lo que él hizo dejó a todos paralizados kara.

despacho.

Después se puso de pie.

—Puede quedarse.

Parpadeé.

—¿Señor?

—Aquí.

Señaló una alfombra junto a la biblioteca.

—Donde podamos verla.

Aquello se convirtió en una extraña rutina.

Cuando mi niñera fallaba, llevaba a Mía.

Y aunque Vicente nunca decía que quería verla, comenzó a dejar abierta la puerta de su despacho.

Un día apareció una caja de colores.

Después, libros infantiles.

Más tarde, una pequeña mesa.

Yo fingía no darme cuenta.

Él fingía que todo aquello había aparecido por casualidad.

Durante semanas pensé que quizá había juzgado mal a