La lección que nadie esperaba kara

Mónica. Tú lo hiciste cuando cruzaste esa cerca.

Ella asintió.

Después se marchó.

Ben apareció detrás de mí.

—¿La perdonaste?

Pensé en Daniel.

En su gorra.

En sus manos llenas de tierra.

En todas las veces que había dicho que un árbol necesitaba paciencia para volver a crecer después de una tormenta.

—Perdonar no significa olvidar —respondí—. Significa decidir qué hacemos con lo que nos hicieron.

Ben miró los árboles.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer?

Sonreí.

—Cosechar.

Aquella tarde recogimos las primeras manzanas juntos.

Una para mí.

Una para Ben.