hablaba con voz baja.
“Si te quedas callada hasta que suene, lo estás haciendo bien”.
El temporizador marcaba 00:37.
“Después bebes esto y te duermes como una niña buena”.
Me llevé una mano a la boca, pero no hice ruido.
El miedo quiso paralizarme.
La rabia quiso empujarme dentro.
La madre que yo era antes quizá habría gritado primero.
La madre que estaba naciendo en ese pasillo entendió que necesitaba que alguien más oyera esto.
Abrí la llamada de emergencias.
El móvil temblaba tanto que casi marqué mal.
La