dejes que me vuelva a dormir”, el mundo que yo conocía terminó.
Pero otro empezó.
Uno más duro.
Uno con cerraduras nuevas, citas, informes y noches largas.
Uno donde mi hija aprendió poco a poco que no tenía que guardar secretos que la lastimaban.
Uno donde el baño volvió a oler solo a jabón.
Uno donde el agua podía correr diez minutos y apagarse.
Uno donde Sophie podía reír primero con los ojos y después con toda la cara.
A veces todavía miro el reloj a las 8:10.
No