había dejado de pensar en Claudia.
Parte 2: A las 11:10 de esa mañana entré a una cafetería cerca de mi oficina.
La madre de Nicolás ya estaba ahí.
Elvira.
A su lado estaba Mónica, esposa de su hermano mayor.
No fue casualidad.
Nicolás las había enviado.
—Eres una desgraciada —dijo Elvira antes de que pudiera pedir café—. ¿Cómo puedes sacar a tu esposo de su propia casa?
—La casa es mía.
—¡Esa casa pertenece a mi hijo!
Saqué mi cartera.
—Americano grande, por favor.
Mónica soltó una risita.