—Todavía actúas como si fueras muy inteligente.
La miré.
—¿Qué necesitas, Mónica?
—Nicolás ya habló con abogados. Claudia también. Tienen dinero suficiente para enterrarte en demandas.
Elvira se cruzó de brazos.
—Mi hijo cometió un error sentimental. Tú llevas años descuidándolo.
La empleada puso mi café sobre la barra.
Pagué.
Luego miré a Elvira.
—¿Recuerdas cuando casi perdiste tu casa de Bosques hace 3 años?
Su expresión cambió.
—¿Qué tiene que ver eso?
—Debías 4,200,000 pesos entre hipoteca atrasada, intereses y un crédito que pediste para tu tienda