donde cada habitación parecía guardar una versión antigua de mí.
Compré una casa más pequeña en Coyoacán.
Tenía ventanales enormes.
Un patio con un jacarandá.
Y una cocina luminosa donde nadie llegaba oliendo al perfume de otra mujer.
4 meses después recibí una carta de Nicolás desde el centro donde permanecía en prisión preventiva.
No la abrí durante 3 días.
Finalmente lo hice.
Decía que necesitaba verme.
Afirmaba conocer información sobre otras cuentas.
Mi equipo ya tenía conocimiento de ellas.
No había ningún secreto.
Solo quería hablar conmigo.
Acepté una