el teléfono con ambas manos.
—Ahora entiendo que me hiciste un favor.
—¿Un favor?
—Sí.
Me levanté.
—Me mostraste quién eras antes de que yo siguiera desperdiciando otros 7 años creyendo en quien fingías ser.
—¡Teresa!
Colgué.
Salí sin mirar atrás.
Esa noche compré carne, zanahorias, ajo, tomillo y una botella de vino.
Preparé exactamente la misma cena que había cocinado para nuestro aniversario.
Pero esta vez puse 1 solo plato.
1 copa.
1 vela.
Me senté junto al ventanal mientras las ramas del jacarandá se movían con el viento.