Lo observé durante varios segundos.
—Eso sería falso.
—Solo necesito que digas que…
—No.
Golpeó suavemente la palma contra el vidrio.
—¡Fueron 7 años!
Abrí mi bolso.
Saqué un documento.
Lo acerqué al cristal.
Era la sentencia de divorcio.
Nicolás leyó la primera página.
Su boca quedó entreabierta.
—Se terminó ayer —dije.
Me miró.
—Teresa…
—Ya no soy tu esposa.
—Por favor.
—Tú me dijiste algo aquella noche que al principio creí que jamás olvidaría.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Dijiste que no te arrepentías ni 1 segundo.
Tomé