puerta principal se abrió.
Mi esposa, Mariana, entró cargando 2 bolsas del supermercado.
—¿Diego?
Sonrió al verme.
—¿Qué haces aquí? Dijiste que llegabas mañana.
Dejó las bolsas sobre la barra y caminó hacia nosotros.
Entonces notó que yo estaba arrodillado frente a la habitación de Valentina.
La sonrisa desapareció durante medio segundo.
Luego regresó.
Demasiado rápido.
—¿Qué pasa?
Me puse de pie.
Y me coloqué entre ella y nuestra hija.
—Quiero que me expliques qué le pasó a la espalda de Valentina.
El rostro de Mariana se endureció.
Miró a