Pero ya estoy aquí. Vuelvo a ser tu esposo.
Entonces miró hacia el comedor.
Su sonrisa desapareció.
Un hombre estaba sentado a mi mesa.
Daniel levantó lentamente la vista de su taza de café.
—Bienvenido a casa, Mauricio.
Mi esposo se quedó pálido.
Pero para entender por qué Daniel estaba ahí, hay que regresar 3 semanas.
Aquella noche, Sofía tenía fiebre.
Llevaba horas llorando por una infección en el oído.
Emilia, nuestra bebé de 3 meses, tampoco dejaba de llorar.
Yo tenía una mancha de antibiótico rosa en la blusa,