crisis matrimonial.
Su madre incluso me llamó.
—Mauricio está muy preocupado por tu estado emocional.
Cerré los ojos.
Entendí el juego.
Si gritaba, confirmaba su versión.
Si publicaba las pruebas, me convertiría en la esposa vengativa.
Por eso guardé silencio.
Hasta su cumpleaños.
Mauricio tenía reservada desde hacía meses una cena en un restaurante elegante de Polanco.
Me llamó.
—Mis padres esperan que vengas.
—No voy a fingir que seguimos juntos.
Hubo una pausa.
—Haz lo que quieras. Pero si no vienes, la gente sacará sus propias conclusiones sobre cómo