Su voz temblaba.
—¿Querías humillarme delante de todos?
Me puse de pie.
—Yo no invité a Vanessa.
Tomé mi bolso.
—Solo pregunté dónde habías estado.
Y me fui.
El divorcio no fue rápido.
Ni elegante.
Hubo abogados.
Documentos.
Custodia.
Hipoteca.
Discusiones absurdas sobre muebles, electrodomésticos y hasta una cafetera italiana que Mauricio decidió reclamar aunque jamás había aprendido a usarla.
—Dásela —le dije a Rebeca.
—Pero tú la usas todos los días.
—También usaba mi matrimonio todos los días y aprendí a vivir sin él.
Los 700.000 pesos aparecieron