Mi esposo me dejó sola con nuestra bebé de 3 meses y nuestra hija enferma de 2 años. —Este matrimonio es tóxico. Necesito espacio. 3 semanas después, regresó de Europa sonriendo. —Ya me divertí. Vuelvo a ser tu esposo. Entonces vio al hombre sentado a mi mesa. Daniel levantó la mirada. —Bienvenido a casa, Mauricio. Mi esposo palideció.

Su voz temblaba.

—¿Querías humillarme delante de todos?

Me puse de pie.

—Yo no invité a Vanessa.

Tomé mi bolso.

—Solo pregunté dónde habías estado.

Y me fui.

El divorcio no fue rápido.

Ni elegante.

Hubo abogados.

Documentos.

Custodia.

Hipoteca.

Discusiones absurdas sobre muebles, electrodomésticos y hasta una cafetera italiana que Mauricio decidió reclamar aunque jamás había aprendido a usarla.

—Dásela —le dije a Rebeca.

—Pero tú la usas todos los días.

—También usaba mi matrimonio todos los días y aprendí a vivir sin él.

Los 700.000 pesos aparecieron