absoluta que solo puede tener una niña pequeña:
—¿Papá todavía necesita espacio?
Me quedé inmóvil.
Y por primera vez pude recordar aquella noche sin sentir rabia.
Sonreí.
—Sí, mi amor.
Miré la cocina llena de juguetes, platos y migajas.
Mi casa seguía siendo caótica.
Mis hijas seguían llorando algunas noches.
Yo seguía cansándome.
La diferencia era que ya nadie podía usar ese caos para convencerme de que mi familia era el problema.
Besé la frente de Sofía.
—Tu papá tiene ahora todo el espacio que pidió.