Mi esposo me dejó sola con nuestra bebé de 3 meses y nuestra hija enferma de 2 años. —Este matrimonio es tóxico. Necesito espacio. 3 semanas después, regresó de Europa sonriendo. —Ya me divertí. Vuelvo a ser tu esposo. Entonces vio al hombre sentado a mi mesa. Daniel levantó la mirada. —Bienvenido a casa, Mauricio. Mi esposo palideció.

París.

Pensé que era un error.

Después apareció un restaurante.

Luego un bar.

Arturo vivía en Santa Fe, Ciudad de México.

No en Francia.

Esa noche busqué hasta encontrar una fotografía publicada por una compañera de trabajo de Mauricio.

En una mesa aparecía Vanessa Cárdenas, una ejecutiva que yo conocía de algunas cenas corporativas.

Frente a ella solo se veía el brazo de un hombre.

No necesitaba ver su cara.

Reconocí el reloj.

Se lo había regalado a Mauricio por nuestro décimo aniversario.

No lo llamé.

No grité.

Esperé a