Por primera vez en 15 años, mi madre apareció en mi porche, sonriendo como si nunca hubiera visto a mi padre echarme de casa bajo la lluvia a los 19. Abrió los brazos hacia mi bebé y dijo: —Estamos listos para perdonarte. La miré sin poder creerlo. —¿Perdonarme por qué?

había sobrevivido después de que me echaron de casa a los 19 años por negarme a dejar a Santiago Salgado.

Mi padre lo llamaba muerto de hambre.

Decía que la hija de Eduardo Mendoza jamás se casaría con el hijo de un mecánico.

Aquella noche lanzó mi ropa y mis libros de enfermería al jardín.

Mi madre observó desde las escaleras.

No bajó.

No me defendió.

Santiago me encontró 20 minutos después empapada junto a mis cosas.

Se quitó la chamarra, me la puso sobre los hombros y dijo:

—Vamos