Por primera vez en 15 años, mi madre apareció en mi porche, sonriendo como si nunca hubiera visto a mi padre echarme de casa bajo la lluvia a los 19. Abrió los brazos hacia mi bebé y dijo: —Estamos listos para perdonarte. La miré sin poder creerlo. —¿Perdonarme por qué?

a salir de esta.

Y salimos.

Durante meses dormimos en el sofá cama de su padre.

Yo trabajaba en una cafetería mientras estudiaba enfermería.

Santiago entró a Protección Civil y después al cuerpo de bomberos de Guadalajara.

Yo terminé trabajando en cuidados intensivos neonatales.

Él llegó a capitán.

Compramos una casa pequeña con una puerta azul.

Terminamos de pagarla antes de cumplir 34.

Y después de años intentando tener un hijo, nació Renata.

Ahora mi madre estaba frente a esa puerta fingiendo que 15 años podían borrarse con comida caliente.