Roberto se encargaba de eso.
Roberto le entregaba números.
Roberto le decía qué inmuebles “tenían problemas”.
Y Alejandro firmaba.
De pronto recordó algo.
Tres meses antes, Roberto había llevado a su oficina una carpeta.
“Solo mantenimiento y actualización de contratos”, había dicho.
Alejandro había firmado varias hojas.
Sintió un escalofrío.
—Necesito irme.
Mariana palideció.
Quizá pensó que Alejandro había decidido ignorarlo todo.
Pero él guardó las copias de los comprobantes.
—Mañana nadie viene a cobrarle nada.
—Señor Cárdenas…
—Y nadie va a sacarlas de aquí.
Lucía dejó de coser.
Alejandro