El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada… pero al abrirse la puerta encontró a una niña de siete años cosiendo hasta lastimarse las manos, y lo que había debajo del colchón cambió por completo el motivo de su visita

señaló la máquina.

—Y tú vas a descansar.

La niña casi sonrió.

Casi.

Pero cuando Alejandro llegó a la puerta, Mariana habló.

—Hay otra cosa.

Él se volvió.

—Roberto no solo vino por nosotros.

—¿Qué quiere decir?

—Pregunte en el 2A. Y en el 3C.

Alejandro sintió que el problema acababa de crecer.

En lugar de bajar al estacionamiento, tocó el 3C.

Le abrió don Ernesto, un jubilado de setenta años.

Cuando Alejandro se presentó como propietario, el hombre intentó cerrar la puerta.

—Ya les dije que no me voy.

—