señaló la máquina.
—Y tú vas a descansar.
La niña casi sonrió.
Casi.
Pero cuando Alejandro llegó a la puerta, Mariana habló.
—Hay otra cosa.
Él se volvió.
—Roberto no solo vino por nosotros.
—¿Qué quiere decir?
—Pregunte en el 2A. Y en el 3C.
Alejandro sintió que el problema acababa de crecer.
En lugar de bajar al estacionamiento, tocó el 3C.
Le abrió don Ernesto, un jubilado de setenta años.
Cuando Alejandro se presentó como propietario, el hombre intentó cerrar la puerta.
—Ya les dije que no me voy.
—